Los chiles en nogada son un platillo típico mexicano que data de 1821, cuando se creó la receta en honor de Agustín de Iturbide en Puebla. Tienen temporada para servirse, siendo ésta en los meses patrios, Septiembre y Noviembre, por el colorido de sus ingredientes. Se preparan a partir de un chile poblano asado, desvenado y despellejado, mismo que se rellena de un picadillo de carnes mixtas, frutas y especias. Se decora con una crema preparada con nueces de castilla y se adorna con granos de jugosa granada roja repartida sobre la crema para terminar luciendo con los colores de la bandera del país. Hace años que no probaba tan delicado manjar, pero el antojo se exacerbó un martes hace tres semanas, en que tomaba café con mi amiga Lolita en un Vip's. Se acercó la mesera y ofreció la sopa del día y los chiles en nogada. Se me hizo agua el recuerdo de esa rica mezcla de sabores y desde ese día quise como nunca volver a comer un chilito de esos.
Todos los sábados me reuno con mi hija para merendar o salir a pasear un rato. Éste no fue la excepción. Decidimos ir al Vip's para degustar el anhelado platillo. Se nos reunió mi amiga Jael. Cuando la mesera trajo el menú, no tuve que buscar mucho para pedir lo que yo deseaba, aunque fue una sorpresa el precio de éste, $112.00, por esa cantidad, hubieramos comido más abundante en Los Generales. Jael pidió pasta con carne y mi hija un caldo tlalpeño. Solicité la bebida de costumbre (coca light) y el chile en nogada de mis sueños. Pero... no falta la situación incómoda. Ya había tomado casi tres cuartas partes de mi refresco, cuando mi hija preguntó que si éstos llevaban refill, a lo que la mesera le dijo que solamente la coca normal y los refrescos de sabor, ante lo que me dí cuenta de que el refresco que me habían servido era CON AZÚCAR! Desde hace diez años que soy diabética y desde entónces NUNCA pido refrescos normales, por lo que el susto que me llevé fue enorme. Los ojos sorprendidos y apenados de la mesera trataron de confirmar el argumento de que yo había solicitado una coca normal, pero es imposible que yo pida tal cosa. La verdad me molestó demasiado no solamente la peligrosa equivocación de la señorita, sino el hecho de que en ese restaurant no se brinde un refill al refresco dietético, pareciendo ésto una discriminación a los diabéticos, no solamente a la gente que desea mantener la "línea". Le pedí a la chica que llamara al gerente para exponer mi queja por el segundo motivo, pero pasaron como 25 minutos, nos sirvieron la comida, (para mi decepción, un pequeño, pálido y desangelado chile mal elaborado, ya que aparecía capeado cuando no debe llevar huevo, y con la granada casi imperceptible y la nogada con nueces comunes y no de castilla como indica la receta tradicional, aunque estaba de buen sabor, me pareció muy poca cosa para el precio y me quedé con hambre), pero del gerente ni sus luces. Ya cuando casi terminabamos nuestros platillos, mi hija se desesperó y le pidió a otra mesera llamar al gerente y cuando éste vino, al exponerle la razón de porqué lo llamamos, él me ofreció el refill de refresco light como el resto de los refrescos, por su cuenta y amablemente me dió una disculpa por el error de la mesera. Me trajeron entónces (luego de dos vasos de agua para diluir el azúcar que había ingerido en la coca cola) mi coca light y al terminar ésta, no me cupo un trago más, por lo que no tuve que solicitar refill. De cualquier manera, el refill me fue cobrado. Ya no quise quejarme. Fueron solamente ocho pesos de diferencia. De cualquier manera dejamos propina para la muchacha que nos sirvió.

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