El día cinco de octubre de dos mil nueve, cumplí cuarenta y ocho años. Mi Tony me organizó una fiesta sorpresa. En complicidad con mi hija y en su casa, reunió a mis amigos más queridos y nos la pasamos genial. Betina preparó las viandas, entre las que degustamos una riquísima birria, asado de puerco, picadillo, nopalitos, frijoles refritos y ya ni recuerdo qué más. Se lució mi niña con la comida, todo estuvo delicioso. Yo no me esperaba ser tan festejada, fue un domingo, un día antes del cinco, llegamos a casa de mi hija y todo estaba preparado, como si fuera un banquete en grande, con mesas, manteles, sillas, todo super bonito. Fueron llegando los amigos, de uno en uno, y a cada uno de ellos que entraba, mi sorpresa aumentaba. Tony sacó los teléfonos de mi celular y les estuvo llamando con tiempo para avisarles y así se reunieron los más queridos amigos que nunca imaginé juntar en mi cumpleaños.
Entre ellos estuvieron mis compadres Elia y Rodolfo, Thelma y Luis Valdéz, Silvia Báez y su esposo Jorge, Lulú y Sergio, Juan Carlos, Bernardo, Memo, el "perriatra" de los "niños de cuatro patitas", Mario y Giovanni, Eli, Elsita, Iris, Lorena Monreal y mi queridísima Dolores Hernández. Desde luego estuvieron también mis hijos preciosos Jaime Isaac y Daniel Orlando. Mi querido Tony sabe lo que amo en la vida y no pudo darme mejor sorpresa. Él nunca sabrá bien lo que yo valoro todo lo que hace por mí siempre. Cuando casi todos se habían retirado, y solamente quedaban Bernardo y Juan Carlos, mi Tony puso una presentación fotográfica que me hizo a manera de obsequio. Puras fotos de esta loquilla, unas de cuando era niña y luego de casi todos los "looks" que he traido, puesto que me encanta cambiarme el color y forma del cabello. El fondo musical que usó fue el de la canción "Mujer" de Los Rancheros. Está hermosa y disfruté muchísimo ese día. Soy muy afortunada.
