miércoles, 2 de septiembre de 2009

Edición de un libro 2.
















Sigo con la tarea de elaborar libros. Hoy hace una semana que trabajo casi sin descanso en esta labor, con ayuda de mi querido esposo Tony (hacemos una buena mancuerna), el proceso ha sido muy cansado. Hace años que había perdido el archivo de mi poemario, ya que le entró un virus a mi compu y perdí mucha información. En esta ocasión lo tuve que copiar de una página de internet en donde se encuentra publicado, la de Bernardo Chapa, clubdebrian punto com, misma que divulga literatura local y universal. Así es que lo copié en un archivo de word y me dí a la tarea de acomodar los poemas a hoja horizontal doble, lo que no fue fácil. Hay veces que la computadora es como un caballito bronco, repara y no se deja domar, duré casi doce horas en las que apenas me levanté de mi asiento para comer y tomar breves descansos. Ya que más o menos quedó, desde la falsa portada, dedicatoria, prólogo, inicios de capítulo, poemas en orden (uno en cada página y a la misma altura y márgen), que por cierto, los márgenes de word parecieran tener vida propia, se mueven cuando y a donde les da la gana y te hacen ver tu suerte, mueves uno y se te desacomoda todo el libro; arreglé el índice y un error en el acomodo de un poema que en la revista de brian aparecía en la página 43 cuando realmente correspondía a la 53. Luego la página de la aclaración de que: "Este libro se terminó de imprimir..." para finalmente volver a diseñar la portada. Fiuuuu, ya quedó. Originalmente pensaba ir al ciber de unos buenos amigos, Carolina y Efraín, a imprimir y reproducirlos, pero Tony consideró que era mejor comprar una impresora y trabajar aquí, para no interrumpir tanto la actividad siempre abultada y agotadora de los queridos Caro y Efra, por lo que el domingo fuimos a comprarla. Encontramos una laser en blanco y negro, económica y muy util. Ya había ido el pasado miércoles a la papelería Lumen a comprar el material necesario: papel cultural ahuesado de 90 grs. en pliegos de los que se obtienen 8 hojas de tamaño carta, cartulina pergamino color marfil y arena (me gustaron ambos colores y no pude decidirme por uno solo); en total compré seis pliegos de los que me saldrán como cuarenta portadas y solicité ahí mismo el corte por el que te cobran 19 pesos. Tuve mucha suerte, porque el papel cultural estaba en oferta, tenía un 48% de descuento, por lo que solicité el doble de hojas. El corte de éstas no me lo cobraron porque la compra fue mayor a cien pesos. Las portadas fueron cortadas en tamaño carta más 4 milímetros de largo para el lomo. El día que compré el material, salí entusiasmada de la papelería rumbo al taller de encuadernación de Caro y Efra con la intención de elaborar un par de libros para obsequiar esa misma noche en una lectura a dos compañeros escritores. Llevaba en mis manos un preciado obsequio de mi buen amigo Bernardo, el domie original de mi libro, que él había elaborado hace algunos años cuando se me perdió mi archivo. Llegué con los muchachos dispuesta a reproducir las copias pero oh sorpresa, cuando habíamos fotocopiado alrededor de quince hojas, nos dimos cuenta de que los números de las páginas no concordaban y era imposible compaginar. Salí decepcionada y con las manos vacías. No pude regalar nada a nadie. Pero todo eso fue el detonador para ponerme las pilas y reiniciar con optimismo este maratónico camino del que llevo la mayor parte recorrida. Le llamé a Bernardo luego de que elaboré mi nuevo archivo en word durante toda esa noche, para que me orientara sobre el proceso de impresión para que concuerden los números de la página frontal con la de atrás, pero me dijo que le enviara el archivo de word y que lo pasaría a publisher, que es un programa adecuado para el armado de libros. Lo envié a medio día y lo recibí esa misma noche, debe haber sido agotador para mi compañerito la labor de pasarlo de un programa a otro, cosa que agradezco infinito. Anoche Tony y yo nos quedamos despiertos hasta las seis treinta de la mañana otra vez, imprimiendo. Y se hizo el día, pero completamos veinte cuerpos de libro con todo y portada. Falta cortar, compaginar, engrapar, engomar y empastar. Pero que eso será lo menos complicado. El proceso de ordenar los poemas en publisher, como Bernardo nos envió el archivo, no funcionó. Al imprimir las páginas no coinciden nuevamente, pierden la secuencia y el programa los envía como le pega la gana a la impresora, por lo que mejor usamos mi archivo de word, el que me tardé 11 horas en acomodar la otra noche que tampoco dormí nada y luego de varias caidas y tropezones, de imprimir y desperdiciar como treinta y cinco hojas (tal vez más, sin exagerar), finalmente ya tengo los 20 paquetes listos para el paso siguiente. De ser posible, esta tarde podré llevar a cortar por la mitad el grueso de los cuerpos en la guillotina de Lumen, para dedicarme a la compaginación. Me siento tan agradecida con mi precioso esposo por su paciencia y la interminable resistencia que tiene con el trabajo árduo y mi desesperación. No sé qué haría sin él. Es mi punto de equilibrio. Así seguimos con esta historia.

1 comentario:

  1. Qué bueno que nos relatas las historia de cómo estas editando nuevamente tu libro. Colgué tu lectura del Brasil en mi blog para que la cheques. También ya terminé la reseña para que me digas finalmente lo que opinas.

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