Otro de los detalles que nos sucedieron, fue la impresión. Nosotros hasta compramos una impresora, ya que no contabamos con una. Cuando elegimos la que consideramos idónea, fue una laser en blanco y negro, para el fin requerido estaba bien. Lo que no sabíamos es que las impresoras laser tienen un toner que imprime un teñido con polvo de carbón prensado con un rodillo-plancha de calor. Éste permite que el polvillo se adhiera al papel, tiñéndolo. Pero... no todos los papeles están diseñados para tal impresión. Y desafortunadamente el papel que yo elegí, era de éstos. El toner no impregnó los poros del papel y las portadas destiñeron. Sufrimos una desilusión muy grande cuando a la hora de encuadernar o colocar las portadas, éstas comenzaron a soltar polvo y mancharse. El desperdicio fue grande también.
Pero dicen que echando a perder se aprende y no nos volverá a suceder.

Yo quiero un ejemplar
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